Nunca se puede dejar de aprender

¡Buenos días! Bienvenidos un viernes más a mi sección de balance semanal. En esta ocasión seré más breve porque ha sido una semana que al menos a mí se me ha pasado en un tris, casi en un abrir y cerrar de ojos. Así que vayamos al grano:

Empezaremos pensando en un análisis global. Al hacerlo veo que la semana ha sido rara, con cosas bastante buenas y otras bastante malas aunque no sean mías directamente. Lo importante es tratar de encontrar los tonos de color cuando todo empieza a ponerse gris. A veces así apreciamos mejor la belleza del conjunto. No hay que perder la perspectiva general de las cosas. Y ahora pasemos al detalle:

Lo mejor de la semana para mí hay dos cosas importantes aquí, la primera es compartir buenos y malos momentos con personas que te escuchan sin juzgar, eso es difícil de encontrar. Tengo que dar las gracias a amigas que se abren y permiten que yo lo haga, me gustó pasar esos instantes con vosotras Celia y Rosa. Ya veis, amigas y en el trabajo, hay a quien eso le resultará falto de glamour, como leí por ahí, lo siento por ellos, yo a los amigos los elijo y me los encuentro en cualquier parte del camino, no necesito que el sitio sea especial, lo especial son esas personas. Compartir experiencias y saber que hay que valorar los buenos ratos porque los malos nos pillan un jueves cualquiera a las 11 de la mañana con el paso cambiado.

Otro de los grandes momentos ha sido lo mucho que he aprendido esta semana.  Nunca hay que dejar de aprender, yo al menos no puedo, soy curiosa por naturaleza y todo “lo nuevo” despierta mi interés así que…hay que aprovechar eso. Lo llamativo es que a veces no se trata tanto de conocimientos teóricos, que en este caso no eran nuevos para mí, sino de otras cuestiones como las relaciones personales. Yo puedo intentarlo, y lo seguiré haciendo, pero sí tengo un muro frente a mí que me mira con recelo y que no me escucha, sólo me queda seguir insistiendo y esperar que venga un tercero al que sí esté dispuesto a escuchar. Al menos estos días he encontrado esa satisfacción, saber que otros sí valoran lo que intento hacer pese a los hándicaps que pueda encontrarme, así que muy contenta y satisfecha de ello.

Sin pena ni gloria: pues la semana ha pasado tan rápido y con contrastes tan grandes que hay poco que reseñar en este apartado. Lo dejo en blanco para mejores ocasiones.

Y por último, lo peor de la semana, sin duda ha sido ver lo cruel que es una enfermedad de cerca, no me afecta a mí ni a los míos, pero sí a alguien muy allegado y es duro ver cómo poco a poco va minando hasta el ánimo de los más fuertes. Sólo me queda desear fuerza y ánimo. Hay cosas que son inexplicables y por eso tenemos que valorar lo realmente importante.

En mis propósitos, que sepáis que estoy cumpliendo bastante y que lo único que me he saltado es la parte de los dulces… Hice el fin de semana croissants rellenos de chocolate y recién sacados del horno ¿quién se queda sin probarlos? Yo desde luego no :)

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